Nuestro Dios nos libró del dominio de las tinieblas. Ahora somos hijos de Luz.

Nuestra vida estaba inmersa en la oscuridad del pecado. Pero ahora en Cristo fuimos liberados del reino de las tinieblas.

A su vez fuimos trasladados al reino de su Hijo Amado.

“Pues él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado,” (Col 1:13, NTV)

El hecho de ser rescatados implica que la oscuridad nos tenía cautivos y esclavizados.

También el haber sido trasladados representa un cambio de posición espiritual.

El reino de las tinieblas se caracteriza por la oscuridad espiritual, el desorden moral y la ausencia de Dios en la vida de una persona.

Recordemos que Dios es luz.

“Éste es el mensaje que oímos de Jesús* y que ahora les declaramos a ustedes: Dios es luz y en él no hay nada de oscuridad.” (1Jn 1:5, NTV)

La Luz Del Mundo.

Ahora nos corresponde brillar a nosotros en medio de la oscuridad de este mundo.

Nuestra luz debe brillar y que se vean las buenas obras delante de todos.

“«Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.” (Mat 5:14-16, NVI)

Jesús enseñó que nuestra luz es la que debe brillar, y mostrar nuestras buenas y atractivas obras.

El Señor iluminó nuestra vida; antes éramos oscuridad, pero ahora somos luz.

Hijos De Luz.

“Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz” (Efe 5:8, NVI)

Nuestro estilo de vida debe de mostrar la naturaleza de Dios.

Fuimos hechos a su imagen y semejanza para representarlo.

Nuestros corazones fueron “encendidos” cuando Jesús llegó a nuestra vida.

“Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.” (2Co 4:6, NVI)

Las acciones de un cristiano tienen que ser siempre un ejemplo: no solo buenas, sino también súper honestas y respetables.

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Lo que debe de brillar es la luz propia, como lo dice el profeta:

y si te ofreces al hambriento, y sacias el deseo del afligido, entonces surgirá tu luz en las tinieblas, y tu oscuridad será como el mediodía. Y el SEÑOR te guiará continuamente, saciará tu deseo en los lugares áridos y dará vigor a tus huesos; serás como huerto regado y como manantial cuyas aguas nunca faltan.(Isa 58:10-11)

El Ciego De Nacimiento.

Lamentablemente muchas veces adoptamos criterios como el que tuvieron los discípulos cuando vieron a un hombre, que había vivido en tinieblas desde el vientre de su madre.

“A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: —Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? —Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.” (Jn 9:1-3, NVI)

El hombre ciego de nacimiento, según lo describe la Palabra, estaba en esa condición para que las obras de Dios se manifestarán en él; lo que nos enseña que hay situaciones tan difíciles que a través de la manifestar la luz tendrán una solución.

Nuestras obras deben ser evidentes delante de los hombres, muchos el día de hoy se están perdiendo, muriendo sin tener a alguien que alumbre sus vidas, muchos siguen en tinieblas, como el ciego de nacimiento y los discípulos preguntándose quien tuvo la culpa, ofrezcamos soluciones antes de averiguar de quién fue la culpa.

No permitas que tu luz se apague ni mengue.

Que tu luz siga iluminando y mostrando las obras de Dios.


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