El libro del Éxodo relata que las tinieblas invadieron Egipto durante tres días. Y solamente en las casas del pueblo de Dios había luz.

“El SEÑOR le dijo a Moisés: «Levanta los brazos al cielo, para que todo Egipto se cubra de tinieblas, ¡tinieblas tan densas que se puedan palpar!» Moisés levantó los brazos al cielo, y durante tres días todo Egipto quedó envuelto en densas tinieblas. Durante ese tiempo los egipcios no podían verse unos a otros, ni moverse de su sitio. Sin embargo, en todos los hogares israelitas había luz.” (Exo 10:21-23, NVI)

En todo Egipto las casas del pueblo de Dios eran las únicas resplandecientes.

Egipto estaba siendo azotada por una novena plaga, la de las tinieblas.

No podían verse uno al otro, ni tampoco moverse de sitio.

Las tinieblas restringen la visión y el movimiento. No dejan ver más allá de lo natural y paralizan el avance de las personas. Share on X

Pero algo extraordinario sucedió, en las casas de los hebreos había luz.

Así mismo sucede en estos últimos tiempos, el mundo está sumido en tinieblas, pero en nuestras casas hay luz.

La luz de Cristo debe resplandecer en nuestros hogares.

Para que nuestra casa esté resplandeciente la salvación del Señor debe haber llegado.

Tal como lo dice David:

“El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El SEÑOR es la fortaleza de mi vida; ¿de quién tendré temor?” (Sal 27:1, LBLA)

Cuando la luz resplandece en tu casa el temor a lo externo debe desaparecer.

Dios no nos ha dado espíritu de esclavitud para estar nuevamente en temor.

Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Rom 8:15 LBLA )

El enemigo siempre buscará la forma de esclavizarnos, querrá sumergirnos en una cultura de temor.

Su función es sembrar toda clase de miedos y fobias para esclavizarnos. Querrá nuestra mente divague en el temor.

Los Temores De Job.

“Lo que yo siempre había temido me ocurrió; se hizo realidad lo que me horrorizaba.” (Job 3:25, NTV)

El miedo altera tu ambiente, tu atmósfera; el temor propicia que tus pensamientos afecten todo tu entorno.

Entregue al Señor sus temores y miedos. Ponga su confianza en Dios.

“Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” (Sal 56:3-4, NVI)

Es inevitable que el miedo toque la puerta de su corazón y quiera alterar sus pensamientos. Pero nuestra confianza está en El Señor.

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Recuerde, El Señor es nuestra fuerza, de quien tendremos temor.

Él se vuelve una fortaleza para nosotros.

El perfecto amor, hecha fuera el temor.

No permitas que la oscuridad y la tiniebla opaquen la luz de Cristo en tu casa.

“Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas.” (Jua 12:46, NVI)

La Gloria de Dios hace resplandecer la casa de los justos.

“Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria del SEÑOR ha amanecido sobre ti. Porque he aquí, tinieblas cubrirán la tierra y densa oscuridad los pueblos; pero sobre ti amanecerá el SEÑOR, y sobre ti aparecerá su gloria.” (Isa 60:1-2, LBLA)

Nuestro enemigo podría apagar nuestra lámpara por un tiempo. Pero hay una esperanza segura para nosotros en el Señor, y si estamos confiando en Él, y manteniendo firmes nuestra integridad, nuestra temporada de abatimiento y tinieblas pronto pasará.

“»Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios.[d]” (Jua 3:16-21, NVI)

Sobre los planes del enemigo hay un plan mayor, sobre las intenciones del adversario hay una intención sublime.


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