Desde siempre la obra del enemigo ha sido tratar de engañar a los escogidos de Dios. El engaño también es una estrategia del final de los tiempos; Jesús advirtió a sus discípulos acerca de esos tiempos de engaño.
Que Nadie Los Engañe.
“Tengan cuidado de que nadie los engañe —les advirtió Jesús—.” (Mat 24:4, NVI)
Cuidemos nuestros corazones de todo engaño. En los tiempos finales, el espíritu de engaño se manifestará con gran fuerza. Debemos estar alertas y ser sensibles en el Espíritu, para discernir si incluso en nosotros mismos se llegara a encontrar alguna raíz de engaño.
Tiempos De Engaño.
En el huerto Satanás con astucia engañó a Eva induciéndola a la desobediencia. El apóstol Pablo temía que la iglesia en Corinto fuera engañada a causa de personas que aparentaban conocer más acerca de Cristo.
La manera de pensar de los Corintios podía ser desviada o corrompida al escuchar a grandes oradores que el mismo Pablo llamaba “super apóstoles”. La pureza y sinceridad de la iglesia podía ser destruída a causa de ese espíritu de engaño.
“Pero me temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, los pensamientos de ustedes sean desviados de un compromiso puro y sincero con Cristo.” (2Co 11:3, NVI)
Pablo había logrado cambiar la forma de pensar en los Corintios y podía ser destruída a causa de las trampas del enemigo. Este engaño mantiene la mente de los incrédulos desviada del glorioso evangelio de Cristo. De tal forma que ellos siguen en oscuridad y viviendo una vida alejada de los planes de nuestro Dios.
“El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2Co 4:4, NVI)
Es hacia ese objetivo que la iglesia debe de volcarse en oración e intercesión. Derrumbando todo ataque y artimaña de Satanás.
La luz del evangelio siempre está brillando, como el sol. Si a veces no la vemos, es porque algo se interpone. Pasa igual con nuestro Dios, Él siempre está tratando de iluminar los corazones con el evangelio, pero el diablo, como lo dice el apóstol Pablo, el dios de este sistema, pone obstáculos para que los que no creen no vean a Cristo.
Los afanes, pruebas o tribulaciones, costumbres, y muchas cosas más son esas “nubes” que el enemigo extiende en la vida de los incrédulos.
A través de esto logra evitar que la luz del evangelio resplandezca en sus vidas.
“Pero para ustedes que temen mi nombre, se levantará el sol de justicia trayendo en sus rayos salud. Y ustedes saldrán saltando como becerros recién alimentados.” (Mal 4:2, NVI)
Oremos para que el sol de justicia siga brillando en los corazones de todos.
En el nombre de Jesús toda tiniebla se desvanecerá.
Uno mismo puede engañarse.
“Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno de vosotros se cree sabio según este mundo, hágase necio a fin de llegar a ser sabio.” (1Co 3:18, LBLA)
Otra forma de engaño es por medio de uno mismo.
Necesitamos despojarnos del viejo hombre, corrompido por deseos engañosos.
“Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos;” (Efe 4:22, NVI)
Dentro de esos deseos están el engaño de las riquezas.
El engaño del pecado endurece el corazón.
“Más bien, mientras dure ese «hoy», anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado.” (Heb 3:13, NVI)
Cuidado con los engañadores.
Los que causan divisiones y dificultades también pueden hacer caer en engaños.
“Les ruego, hermanos, que se cuiden de los que causan divisiones y dificultades, y van en contra de lo que a ustedes se les ha enseñado. Apártense de ellos. Tales individuos no sirven a Cristo nuestro Señor, sino a sus propios deseos. Con palabras suaves y lisonjeras engañan a los ingenuos.” (Rom 16:17-18, NVI)
Debemos estar muy atentos con la gente que causa problemas y divisiones. Estos buscan debilitar la fe de los que son más fáciles de manipular.
Recordemos que sin fe, es imposible agradar a Dios.
Dependemos completamente del Espíritu de verdad, porque Él nos guiará a toda verdad en todo tiempo.
Solamente por medio del Espíritu Santo podemos disipar toda obra de las tinieblas.
“Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir.” (Jua 16:13, LBLA)
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