Al Fructificar en nuestra vida demostramos si en realidad somos discípulos de Jesús. El llamado no es solo a fructificar, sino a dar mucho fruto.
“Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos.” (Jua 15:8, NVI)
La forma en la cual nuestro Padre recibe alabanza de los demás es cuando ven el fruto en nuestra vida.
Cuando fructificamos mostramos a los hombres lo que Dios ha hecho en nosotros.
Muchas veces no es necesario hablar, simplemente mostrar a las personas lo que Dios ha hecho, que vean que ese fruto permanece, para que también ellos alaben a Dios.
Para fructificar y crecer en nuestra vida debemos considerar la enseñanza de Jesús en la parábola del sembrador.
Recordemos que la semilla sembrada es la Palabra de Dios y la tierra somos nosotros, específicamente nuestro corazón.
El enemigo tiene la misión de impedir que la Palabra del reino produzca fruto.
Tenemos que enfocarnos en estas tres áreas de nuestra vida, que son clave para que se vea el resultado de la Palabra del reino.
ENTENDIMIENTO.
“Cuando alguien oye la palabra acerca del reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su corazón. Ésta es la semilla sembrada junto al camino.” (Mat 13:19, NVI)
El diablo entiende de religión, conoce el mensaje de fe y esperanza. Pero le teme a la Palabra del Reino. Él no quiere que entendamos cómo fructificar en el Reino.
Además de tener Fe, debemos entender y retener la palabra. Oír me ayuda a desarrollar Fe, pero entender me da la capacidad de retenerlo.
Por eso oír no es suficiente, el entendimiento y la comprensión es clave en el Reino.
“Dame entendimiento para seguir tu ley, y la cumpliré de todo corazón.” (Sal 119:34, NVI)
Necesitamos un corazón sensible. Un corazón endurecido no va a entender la Palabra del reino.
“Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se les han embotado los oídos, y se les han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón y se convertirían, y yo los sanaría. (Hch 28:27, NVI)
HECHAR RAICES.
“El que recibió la semilla que cayó en terreno pedregoso es el que oye la palabra e inmediatamente la recibe con alegría; pero como no tiene raíz, dura poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, en seguida se aparta de ella.” (Mat 13:20-21, NVI)
Necesitamos desarrollar raíces profundas y eso solo es posible cuando nos plantamos. El estar plantado me ayuda a permanecer.
“Bendito el hombre que confía en el SEÑOR, y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto.»” (Jer 17:7-8, NVI)
Necesitamos profundizar en aquello que ya entendimos. Así cuando vengan los problemas y las tormentas vamos a poder permanecer. Ningún tipo de problema, crisis o angustia impedirá que demos fruto.
“Pero yo soy como un olivo verde que florece en la casa de Dios; yo confío en el gran amor de Dios eternamente y para siempre.” (Sal 52:8, NVI)
MADUREZ – PERFECCIONAMIENTO.
“El que recibió la semilla que cayó entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan, de modo que ésta no llega a dar fruto.” (Mat 13:22, NVI)
Quien alcanza madurez no se mueve por las circunstancias sino por certezas y convicciones.
“Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.” (1Pe 5:7, NVI)
Cuando no puedas entender los métodos de Dios, confía en su caracter. Solamente espera en Él.
Cuando sabes que Dios es proveedor, aunque no entiendas lo que estás atravesando, cree y pon toda tu confianza en que Dios provee. Confía en Su naturaleza divina.
La obediencia debe ser una prioridad en nuestra vida. Es la única manera para llegar a ser la persona que Dios quiere que sea, y el único método para acceder a todas las maravillas que Él tiene preparadas.
El Espíritu Santo es quien nos capacita para andar en obediencia delante del Señor, en el poder de su fuerza.
Debemos obedecer a Dios, aunque no entendamos sus métodos. Confiemos en que Sus planes son buenos para nosotros.
Así podremos ser la persona que Él quiere, haremos el trabajo que espera, daremos el fruto para el que nos preparó y nos llenará de Sus bendiciones.
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