No todo cambio es malo, en el Señor hay cambios que transforman y renuevan de manera diferente nuestra vida.
Hay cambios que no escogemos simplemente el cuerpo cambia, las emociones cambian, el sueño cambia, la energía disminuye, las hormonas cambian.
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” (Hebreos 13:8)
Y muchas mujeres que sirven en el ministerio llegan a preguntarse: ¿Por qué ya no reacciono igual? ¿Por qué ahora lloro por todo? ¿Por qué me siento agotada? ¿Dios todavía puede usarme así? La respuesta es sí.
Dios no llamó únicamente a las mujeres jóvenes; también llama, fortalece y usa a la mujer de los 45, 50, 60 y más.
I. Acepta que Dios diseñó las estaciones de la vida.
“Todo tiene su tiempo…” Eclesiastés 3:1
Así como existen estaciones en la naturaleza, también existen estaciones en la mujer.
La premenopausia no es un castigo. No significa que Dios terminó contigo. Es simplemente otra temporada.
No luches contra la temporada. Aprende a vivirla con sabiduría.
Hay mujeres que gastan toda su energía intentando volver a ser exactamente como eran diez años atrás. Dios no quiere que regreses al pasado. Quiere que florezcas en la temporada presente.
II. No permitas que tus emociones gobiernen tu vida.
La premenopausia puede traer irritabilidad, ansiedad, tristeza, cambios de humor, sensibilidad, cansancio
Eso no significa que seas una mala cristiana. Significa que tu cuerpo está atravesando cambios. Pero la Biblia nos enseña que nuestras emociones no deben dirigir nuestras decisiones.
“El fruto del Espíritu es… dominio propio.” Gálatas 5:22-23
El Espíritu Santo sigue produciendo dominio propio aun cuando las hormonas están cambiando. No significa negar lo que sentimos. Significa entregárselo al Señor.
III. Cuida el templo que Dios te dio.
“¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?” 1 Corintios 6:19
Durante muchos años las mujeres del ministerio aprendieron a cuidar a todos, menos a ellas.
Atienden la iglesia, la familia, los hijos, el trabajo; pero olvidan descansar. Dormir también es espiritual.
Alimentarte bien también honra a Dios. Hacer ejercicio también puede ser parte de una buena administración del cuerpo.
Ir al médico no demuestra falta de fe. Demuestra sabiduría.
IV. No compares esta versión de ti con la de hace veinte años
Muchas mujeres viven frustradas porque ya no tienen la misma fuerza. Pero Dios nunca pidió que tuvieras la misma energía. Él pidió fidelidad.
“Aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.” 2 Corintios 4:16
Quizá físicamente eres más débil. Pero espiritualmente puedes ser más profunda. Más madura.
Más sensible a la voz de Dios, llena de sabiduría.
V. En esta etapa Dios quiere formar una mujer sabia.
En la Biblia vemos un patrón. Las mujeres más maduras se convierten en mentoras.
Tito 2 enseña que las mujeres mayores instruyan a las más jóvenes.
La fuerza física puede disminuir. Pero la influencia espiritual puede aumentar.
Quizá ya no corres igual. Pero ahora aconsejas mejor. Disciernes mejor. Amas mejor. Oras mejor.
VI. Aprende a descansar en Dios.
Muchas mujeres sienten culpa cuando necesitan bajar el ritmo. Hay temporadas donde servir también significa aprender a decir: “No puedo hacer todo.”
Dios nunca pidió que fueras indispensable,Él es indispensable. Nosotras somos sus siervas. Jesús también descansó.
El ministerio de Jesús era intenso. La gente lo buscaba a toda hora, había enfermos, multitudes, enseñanzas y necesidades constantes. Sin embargo, Jesús hacía algo que muchas veces olvidamos: se apartaba para descansar y orar.
“Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.” Lucas 5:16
Si el Hijo de Dios necesitó detenerse para renovar sus fuerzas, ¿por qué pensamos que nosotras no? El descanso no es falta de compromiso; es una forma de reconocer que dependemos de Dios y no de nuestras propias fuerzas.
El agotamiento puede afectar nuestra vida espiritual
Cuando una mujer vive física y emocionalmente agotada, es más fácil que aparezcan: irritabilidad, impaciencia, desánimo, dificultad para concentrarse en la oración, sentimientos de culpa.
Especialmente durante la premenopausia, cuando el cuerpo ya está enfrentando cambios hormonales, el cansancio puede sentirse aún más intenso.
No todo es un ataque espiritual. A veces el cuerpo necesita descanso, buena alimentación o atención médica. Dios nos creó como seres integrales: espíritu, alma y cuerpo.
Marta y María: dos maneras de servir.
En Lucas 10:38-42 encontramos a Marta sirviendo sin descanso y a María sentada a los pies de Jesús.
Jesús no reprendió a Marta por servir. La corrigió porque el servicio había desplazado su comunión con Él. Es posible hacer mucho para Dios y, al mismo tiempo, estar lejos de disfrutar Su presencia.
Antes de servir desde el cansancio, necesitamos sentarnos a los pies del Maestro.
Aprender a decir “no” también es sabiduría.
Muchas mujeres sienten que deben aceptar cada petición por miedo a decepcionar a alguien. Pero decir “sí” a todo puede llevar al agotamiento.
No toda necesidad es un llamado personal. No toda oportunidad viene de Dios. El discernimiento también consiste en saber cuándo servir y cuándo descansar.
Descansar es un acto de confianza.
Cuando descansamos, reconocemos que la obra no depende únicamente de nosotras. Recordamos que Dios sigue obrando aunque estemos dormidas. Eso requiere humildad.
El descanso dice: “Señor, Tú eres Dios; yo soy Tu sierva.”
Pregúntate:
¿Estoy sirviendo desde la plenitud o desde el agotamiento? ¿Hace cuánto no descanso sin sentir culpa? ¿Estoy cuidando el templo que Dios me dio? ¿Mi familia recibe la mejor versión de mí o solo las fuerzas que me sobran?
Tu identidad nunca estuvo en tu juventud
La sociedad dice: “Tu valor está en verte joven.” La Biblia dice:
“La mujer que teme a Jehová, esa será alabada.” Proverbios 31:30
Tu belleza nunca dependió de tus hormonas. Ni tu valor dependió de tu edad. Tampoco tu llamado dependió de tu energía. Tu identidad está en Cristo.
Quizá hoy tu cuerpo cambió, pero Dios no cambió. Talvez ahora necesitas más descanso, pero Dios sigue fortaleciendo al cansado.
Ahora quizá lloras con facilidad, pero Dios recoge cada lágrima.
Nueva Etapa, Nueva Dimensión.
Tal vez tu cuerpo está entrando en una nueva etapa. Pero tu ministerio también puede entrar en una nueva dimensión.
No permitas que una etapa biológica robe el propósito eterno que Dios puso en ti.
Hoy Dios quiere sanar a mujeres que han sentido culpa por no poder hacer lo mismo de antes.
Mujeres que han pensado: “Ya no sirvo igual.” “Ya no tengo fuerzas.” “Creo que estoy fallando.”
El Señor les recuerda:
“Los muchachos se fatigan y se cansan… pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas.” Isaías 40:30-31
No serán las hormonas las que definirán tu futuro. No será tu edad la que marcará el límite de tu ministerio. Será la gracia de Dios la que te sostendrá hasta el final.
“Los cambios de mi cuerpo no cancelan el llamado de Dios. Cada etapa de mi vida es una nueva oportunidad para reflejar su gracia, servir con sabiduría y depender más profundamente de Él.”
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