Lo más importante y relevante para nosotros debe de ser siempre tener hambre por Su presencia.

Sabemos que Dios siempre está presente, Él es omnipresente. Pero necesitamos anhelar más de Su presencia.

El apóstol Santiago nos afirma que Si nos acercamos a Dios, Él se acercará a nosotros.

También el apóstol Pablo en su carta a los Efesios nos recuerda que debemos ser llenos del Espíritu Santo.

“Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu,” (Efe 5:18, LBLA)

Reconocer Nuestra Necesidad.

Lo primero es reconocer que somos necesitamos y pobres de espíritu.

Si una persona es consciente de su pobreza espiritual y ha puesto toda su confianza en Dios, estará consiente de dos situaciones.

Estará totalmente desligado de las cosas, porque sabrá que las cosas no tienen la capacidad de dar felicidad o seguridad; dependerá totalmente de Dios, porque sabrá que sólo Dios puede darle ayuda, esperanza, y fortaleza.

La persona que es pobre en espíritu se ha dado cuenta de que las cosas no significan nada, y Dios es quien significa todo.

Debemos admitir nuestra pobreza espiritual e impotencia; estar conscientes que no podemos controlar nuestra tendencia a alejarnos.

Hambre Por Su Presencia.

Debe de ser una constante. Así como sentimos hambre de alimentos y comidas, debemos llegar a sentir hambre por la presencia de Dios.

Él Señor se cerca a las personas que lo llaman.

“El SEÑOR está cerca de todos los que le invocan, de todos los que le invocan en verdad.” (Sal 145:18, LBLA)

El pueblo de Israel no tardó en manifestar lo que había en su corazón; rápidamente se manifestó la dureza de su corazón. El Señor estaba decidido a no ir con ellos a la tierra prometida.

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Prometió a Moisés un ángel que los iba a guiar hacia la tierra prometida, iba a destruir a sus enemigos, pero Él no los iba a acompañar.

Esa fue la peor noticia que recibieron.

Cuando el pueblo oyó estas duras palabras, hicieron duelo y dejaron de usar joyas.

“Al oír el pueblo esta mala noticia, ellos hicieron duelo. Ninguno se atavió con sus joyas.” (Exo 33:4, RVA2015)

Luto Por Su Presencia.

Esa debe de ser la actitud que tenemos que mostrar. Tristeza, luto, dolor incluso preocupación al no sentir Su presencia.

El despojarse de sus joyas y atavíos demostraban su luto por la ausencia de la presencia de Dios.

¿Cuanta preocupación hay en nuestra vida al no sentir Su presencia?

Todo lo que tiene valor para nosotros debería de dejarse a un lado y buscar más de Él.

“Por eso, a partir del monte Horeb los israelitas no volvieron a ponerse joyas.” (Exo 33:6, NVI)

Tomemos la palabra escrita por el apóstol Santiago, si nos acercamos a Dios, Él se acercará a nosotros. Volvamos nuestro corazón al Señor, anhelemos con todo el corazón Su presencia.

Si por alguna razón te alejaste, te apartaste, enfriaste tu relación con Dios, este es el tiempo de volver. La misericordia de Dios es para siempre, Él te espera con brazos abiertos.

Pon atención a las formas con las que el Señor te está llamando; quizá ese problema está llamando tu atención y que vuelques tu corazón al Señor.


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