La Palabra de Dios dice: Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra.
Esto se refiere a la vergüenza en que quedan los arrogantes y soberbios; en cambio, los que actúan con humildad, sencillez y prudencia son coronados de honra.
Dios honra a los que lo honran, esa honra se traduce en recompensa y bendición.
Dentro de esa honra las personas humildes reciben la sabiduría de Dios.
“Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; pero con los humildes está la sabiduría.” (Pro 11:2, LBLA)
La humildad es acompañada por la sabiduría del cielo, el orgullo únicamente provoca deshonra en nuestro caminar.
La probabilidad de llegar y alcanzar más está en la humildad.
Los Humildes Son Recompensados.
Veamos algunas otras recompensas de la humildad.
“Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor del SEÑOR.” (Pro 22:4, RVA2015)
Aunque el temor de Dios y la humildad puedan percibirse como cualidades simples o monótonas, ignorarlas constituye un grave error.
Por el contrario, estas virtudes son el camino hacia una vida plena, acompañada de honra de parte de Dios y abundantes riquezas.
Al Humilde Dios Lo Exalta.
Son considerados en alta estima aquellos que se humillan en la presencia del Señor.
Los humildes son coronados de gracia.
El apóstol Pedro nos enseña en su primera carta que Dios se opone a los soberbios, pero da gracia a los humildes.
“Así mismo, jóvenes, sométanse a los ancianos. Revístanse todos de humildad en su trato mutuo, porque Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.” (1Pe 5:5, NVI)
Enfrentarse a Dios como oponente es una posición en la que nadie desearía estar, pues es una batalla imposible de ganar.
Esa gracia divina que abre puertas, concede favor delante de las personas y atrae las bendiciones de Dios.
El orgullo no solo provoca el disgusto divino, sino que sitúa a Dios en una postura de oposición directa contra nosotros.
En el instante en que permitimos que la soberbia nos domine, nos convertimos en oponentes del Señor.
Humillarse En La Presencia Del Señor.
La instrucción que el apóstol Pedro da es humillarse en la presencia del Señor.
Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte a su debido tiempo,” (1Pe 5:6 LBLA)
En el momento adecuado, Él nos levantará.
Él sostendrá a Su pueblo y los exaltará en el momento oportuno.
Esta misma instrucción la encontramos en la carta del apóstol Santiago.
“Humillaos en la presencia del Señor y Él os exaltará.” (Stg 4:10, LBLA)
Lo que espera el Señor de nosotros es caminar en humildad.
Humillarnos es el mandato divino que señala el camino del éxito en la vida de un hijo de Dios.
Humillarse delante de Dios es conocer y obedecer su palabra, someterse a Su voluntad y esperar que sea Él quien levante y exalte al que cree y vive lo que ha aprendido.
“¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el SEÑOR: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.” (Mic 6:8, NVI)
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