Nuestra esperanza descansa sobre la verdad que Cristo resucitó.
La resurrección es la vida que pasa por la muerte y la vence.
Nuestro Señor es la vida; El pasó por la muerte y fue al Hades, a lo más profundo de la muerte, pero ésta no lo pudo retener.
¡Él venció la muerte! y ahora vive por siempre.
“¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable.” (1Pe 1:3-4, NVI)
La resurrección disipa nuestros temores, nos llena del Espíritu Santo y fortalece nuestro testimonio.
Sin la resurrección, nuestra fe sería vana y sin sentido; ella completa la obra de Cristo.
La resurrección no es solo un acontecimiento, sino una realidad viva que nos brinda libertad del temor, poder espiritual y una relación con el Cristo vivo.
TODO ES POR SU GRAN MISERICORDIA.
La victoria es por su grande, abundante e inmensa misericordia.
Jesús murió por nuestras transgresiones, pero resucitó para nuestra justificación, introduciéndonos en una vida nueva.
1. NACEMOS DE NUEVO.
Mediante la resurrección de Jesucristo, somos nuevas criaturas.
“Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2Co 5:17, NVI)
Somos re-engendrados por Dios para una nueva vida. Al recibir a Jesús, experimentamos un cambio tan profundo que equivale a comenzar nuestra existencia totalmente de nuevo.
“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.” (Jn 1:12-13, NVI)
2. ESPERANZA VIVA.
Nuestra esperanza no existiría si Él no hubiera resucitado de entre los muertos.
Dado que Cristo vive, tenemos una esperanza viva y revitalizadora.
Gracias a esto, la tumba ha dejado de ser un destino final, transformándose ahora en un simple lugar de transición.
Ésta es nuestra esperanza viva, la expectativa de ser llevados al hogar celestial para estar con Cristo y ser semejantes a Él para siempre.
Esta esperanza es el enlace entre nuestro presente y nuestro futuro.
3. UNA HERENCIA ETERNA.
Como hijos de Adán tenemos una terrible herencia: herederos de una naturaleza caída y de la ira de Dios.
Ahora, por la gracia, somos herederos de «una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible».
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