Toda organización, equipo de trabajo o entidad con un sueño necesita una visión clara y constantemente debe afirmarla con sus involucrados.
La Palabra del Señor nos recuerda que donde no hay una visión el pueblo perece o se desenfrena.
“Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena, pero bienaventurado es el que guarda la ley.” (Pro 29:18, LBLA)
La visión nace de una convicción, la cual a su vez promueve o genera la pasión de desarrollarla.
Una persona apasionada es capaz de influir o inspirar a otra persona a alcanzar la meta trazada.
Escriba La Visión.
“Entonces el SEÑOR me respondió, y dijo: Escribe la visión y grábala en tablas, para que corra el que la lea. Porque es aún visión para el tiempo señalado; se apresura hacia el fin y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará.” (Hab 2:2-3, LBLA)
En el contexto de estos versos, Habacuc profetizó que Dios libraría al pueblo de los caldeos y por lo tanto, vendrían tiempos mejores.
Advirtió que, aunque la visión se realizaría, el pueblo se impacientaría ante el sufrimiento y pensaría que el cumplimiento se retrasó.
HAY QUE SABER ESPERAR.
En esa espera, hay desánimo, frustración, apatía, enfriamiento, desubicación.
Dios está organizando todo el entorno para que la visión se cumpla objetivamente.
Mientras esperamos El Señor perfecciona Su obra en nuestra vida.
¿Estamos permitiendo que Dios perfeccione la obra que empezó en nosotros?
Los que esperan en el Señor tienen nuevas fuerzas.
HAY QUE SABER CORRER.
Tener una visión acelera nuestros pasos; nos impulsa a alcanzar los objetivos.
Las cosas que Él planeó puede que no ocurran tan pronto, pero con toda seguridad ocurrirán.
Tengamos siempre presente que la visión proviene de una profunda convicción.
Esa convicción, certeza o revelación es producida por el propósito.
Cuando descubre el propósito o plan de Dios para su vida, se genera esa convicción que se convierte en una visión clara.
ENFÓQUESE EN EL PROPÓSITO.
Esta cadena de elementos producen la pasión por alcanzar la meta o visión.
Si usted perdió o está perdiendo la pasión, vuelva a alinearse al propósito de Dios.
“Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena, pero bienaventurado es el que guarda la ley.” (Pro 29:18, LBLA)
Una persona apasionada o motivada por una visión influye en otros positivamente.
Todo inicia con descubrir el propósito de Dios para nuestra vida.
“Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: «Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré».” (Isa 46:9-10, LBLA)
A veces olvidamos las maravillas del Señor; si lo hizo antes, lo volverá hacer.
“El SEÑOR cumplirá su propósito en mí; eterna, oh SEÑOR, es tu misericordia; no abandones las obras de tus manos.” (Sal 138:8, LBLA)
Dios cumplirá en mí todo lo que ha pensado hacer. Su amor por nosotros no cambia, pues Él mismo nos creó. ¡No nos abandonará!
NO PIERDA SUS VALORES.
Afirme sus valores, los principios y límites que guían su comportamiento.
Revise sus metas, a corto, mediano y largo plazo.
Esta perspectiva actúa como una fuerza motivadora. En lugar de reaccionar simplemente a las circunstancias diarias, te permite diseñar activamente tu propio camino.
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