El Renuevo: Manteniéndonos Firmes en Dios.

“Y le dirás a Josué de parte del SEÑOR Todopoderoso: »“Éste es aquel cuyo nombre es Renuevo, pues echará renuevos de sus raíces y reconstruirá el templo del SEÑOR.” (Zac 6:12, NVI)

¿Quienes son los que confían en el Señor?

Son aquellos que, a pesar de las dificultades y los momentos de crisis, continúan depositando su fe intacta en Dios. Aún en medio de problemas, debilidades, conflictos y batallas, su confianza permanece inamovible.

Por esa razón, el salmista nos recuerda:

“Los que confían en el SEÑOR son como el monte Sión, que jamás será conmovido, que permanecerá para siempre.” (Sal 125:1, NVI)

Firmes e Inconmovibles.

Quienes confían en el Señor permanecen firmes. No se derrumban ni se mueven, porque nadie puede destruir a quienes han puesto su seguridad en Él.

Muchos eligen confiar en sus propios recursos, posibilidades, fuerza o talentos humanos. Sin embargo, la Biblia señala la diferencia entre confiar en lo terrenal y confiar en Dios:

“Algunos confían en carros, y otros en caballos; mas nosotros en el nombre del SEÑOR nuestro Dios confiaremos.” (Sal 20:7, LBLA)

Como Árbol Plantado Junto al Agua.

Aquel que pone su esperanza en Dios es comparado con un árbol lleno de vida:

“Bendito el hombre que confía en el SEÑOR, y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto.” (Jer 17:7-8 NVI)

Los árboles atraviesan cuatro temporadas: otoño, invierno, primavera y verano. De igual manera, nosotros experimentamos tiempos de transición y estaciones diferentes.

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El otoño es la época en la que el árbol fortalece sus raíces para prepararse para el invierno. Durante este periodo, pierde sus hojas y parece no dar fruto, pero internamente se está nutriendo.

Incluso las hojas caídas se convierten en abono orgánico que beneficia al propio árbol y a su entorno. Todo este proceso ocurre para soportar las difíciles condiciones del invierno y estar listo para florecer en la primavera.

El Poder de las Raíces Profundas.

La raíz es lo que mantiene al árbol fuerte, resistente, vivo y fructífero. Un árbol sin raíces profundas termina por secarse y morir.

Por eso, necesitamos fortalecer nuestras raíces espirituales, plantarnos en Dios y poner en práctica su palabra continuamente.

“entonces él enviará la lluvia oportuna sobre su tierra, en otoño y en primavera, para que obtengan el trigo, el vino y el aceite.” (Deu 11:14, NVI)

Al que tiene raíz fuerte, los renuevos no le faltarán. Hay una promesa firme para quienes mantienen sus raíces bien cimentadas.

“Porque hay esperanza para un árbol cuando es cortado, que volverá a retoñar, y sus renuevos no le faltarán.” (Job 14:7, LBLA)

Dios mantiene firme Su palabra de restauración para nuestra vida:

“a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.” (Isa 61:3, RV1960)

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