¿Puede una persona ser libre de aflicciones? La Palabra del Señor nos enseña que sí.
El Señor Jesús no dijo: En el mundo tendrán aflicción. Habrían tiempo difíciles.
Pero Él prometió estar con nostros.
En el libro de Job encontramos una gran afirmación.
“Él libra al afligido en medio de su aflicción, y abre su oído en tiempos de opresión.” (Job 36:15, LBLA)
Si está pasando por un momento de aflicción o dolor, sepa que Dios en medio de esa misma dificultad lo librará.
No le ofrece quitarle la aflicción, pero sí estar con usted en medio de la dificultad.
No apagará el horno de fuego, pero se meterá para que no le haga daño, no evitará el foso de los leones, pero les cerrará la boca.
Es promesa de nuestro Dios librarnos de toda prueba.
“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán; cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará.” (Isa 43:2, LBLA)
SIEMPRE CUIDA DE NOSOTROS.
Los valles oscuros, de sombra y de muerte muchas veces son inevitables, algunos son parte de la misma vida; pero el Señor jamás desampara a sus hijos.
Su vara y cayado de pastor nos infunden el aliento para seguir adelante. Él nos sostiene de su mano poderosa.
“Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa.” (Isa 41:10, NVI)
ABRE NUESTROS OÍDOS.
Y una de las cosas que Dios propicia es abrir nuestros oídos para escuchar su voz.
Será la voz de Dios la que te saque de ese tiempo de opresión y dolor.
La que infunda aliento en medio de cualquier adversidad.
Es la voz de Dios que nos dirá lo que debemos hacer.
“Y te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del SEÑOR.” (Deu 8:3, LBLA)
Vivimos de toda Palabra que sale de la boca de Dios.
En medio de cualquier aflicción debemos de buscar primordialmente escuchar la voz de Dios.
El tiempo de aflicción y angustia es un escenario propicio para conocer la voluntad de Dios.
AGUA DE AFLICCIÓN.
“Aunque el Señor te dé pan de adversidad y agua de aflicción, tu maestro no se esconderá más; con tus propios ojos lo verás. Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: «Éste es el camino; síguelo.»” (Isa 30:20-21, NVI)
¿Siente que está bebiendo agua de angustia?
El Señor tiene planes de bien. Aunque recorrer su camino puede resultar doloroso en diversas ocasiones, cada prueba es una manifestación de su infinito amor.
Por lo tanto, cuando atraviese dificultades, procure valorar la vivencia y madurar a través de ella, esforzándose por comprender la lección que Él desea transmitirle.
Es muy probable que, en medio de la adversidad, Dios le esté brindando una muestra de su amor al acompañarlo con absoluta paciencia en cada paso del proceso.
A veces nos quejamos y argumentamos cosas que no son.
“¿Por qué te quejas contra Él, diciendo que no da cuenta de todas sus acciones? Ciertamente Dios habla una vez, y otra vez, pero nadie se da cuenta de ello. En un sueño, en una visión nocturna, cuando un sueño profundo cae sobre los hombres, mientras dormitan en sus lechos, entonces Él abre el oído de los hombres, y sella su instrucción, para apartar al hombre de sus obras, y del orgullo guardarlo; libra su alma de la fosa y su vida de pasar al Seol.”(Job 33:13-18, LBLA)
LA VOZ DE DIOS.
Busquemos escuchar Su voz en medio de la aflicción, por difícil que venga una situación lo esencial será escuchar la voz del Señor.
Diversas voces vendrán a nuestros sentidos, la ansiedad y la angustia se alimentan de esas voces.
Cierre sus oídos a voces extrañas.
La respuesta favorable la tiene siempre el Señor. Nuestra victoria no reside en la ausencia de aflicción, sino en la presencia inquebrantable de Jesús.
NO ESTAMOS SOLOS.
Él no nos ha prometido una vida sin tormentas, pero nos ha garantizado que, en medio de ellas, nunca estaremos solos.
Cada prueba, lejos de ser un abandono, es el terreno donde nuestra fe madura y donde aprendemos a reconocer Su voz.
Mantengamos nuestra esperanza firme en la promesa de que Él tiene el control sobre cualquier aflicción.
No desmayemos al escuchar las voces de la ansiedad; en su lugar, afinemos nuestro oído para atender la voz del Señor.
LIBRES DE AFLICCIONES.
Su Espíritu nos guía, nos alimenta en el desierto y nos asegura que cada paso, incluso el más doloroso, forma parte de un propósito mayor.
La victoria ya es nuestra, porque quien nos llamó es fiel y siempre estará a nuestro lado para sostenernos hasta el final.
No dude del gram amor de Dios. Descanse en sus promesas. Espere en Él.
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